sábado, 13 de febrero de 2021

Fast-forward

 




No me digáis nada, que ya me lo digo yo todo. Me da un perezón tremendo sentarme a escribir. Soy así: queredme. Y, bueno, las Navidades las he dedicado a mis criaturas (y a los videojuegos, todo hay que decirlo). Y luego enero lo he dedicado a los exámenes. Y cuando me he querido dar cuenta, he empezado el segundo periodo de prácticas y ando durmiéndome por los rincones en cuanto vuelvo a casa.

Voy a intentar resumir lo que me he dejado en el tintero, para de alguna forma cerrar la etapa anterior y empezar esta nueva. Igual me sale un post un pelín más largo de la cuenta, pero no me quiero dejar nada interesante (bueno, interesante a mi juicio, claro, igual al vuestro no lo es). Sed benévolos.

Empiezo con las actividades de lengua y mates que tuve que preparar y realizar sola. Más que nada porque lo mencioné en mi publicación anterior, porque me da muuuuuucha pereza (y algo de vergüenza, todo sea dicho).

Para mates, como estaban trabajando la suma desde la descomposición y había criaturas que tenían dificultades porque no terminaban de verlo, se me ocurrió plantear una actividad de castillitos de descomposición apoyándose en el material de numerator. No, no me voy a entretener en explicar lo que es, sorry, San Google está ahí para eso. Baste decir que me disponía a ejecutar un salto mortal con tirabuzón y pirueta, porque, claro, había que intentar poner en práctica todo lo aprendido en el grado (insertar aquí emoji de poner los ojos en blanco). Supuestamente el alumnado había trabajado previamente con el numerator, fue lo primero que pregunté, porque si no la actividad no tendría sentido. Pero, al presentarles el material en clase, la mayoría no recordaba bien cómo usarlo. Ahí tendría que haber parado y, o bien dedicar toda la sesión a jugar con el numerator, o bien descartarlo y dedicarnos a los castillitos. Pero claro, error de novata, seguí aferrada al plan y el resultado fue un poco de caos y desbarajuste. La parte positiva es que, como tenía que repetir la misma sesión en ambos grupos, puede rectificar en el segundo y la cosa fue algo mejor. Dedicamos un rato más largo a presentar el material y jugar con el numerator, y solo cuando los vi con soltura intentamos hacer alguno de los castillitos.

Lengua fue bastante mejor. Planteé una actividad de escritura creativa, en la que le daba a cada niño/a una frase con la que empezar una historia; a mitad de la historia tenían que intercambiarla con otra/o compi, de manera que cada uno/a terminara el relato del/de la otro/a. Un poco triple salto mortal también, porque con una sola actividad pretendía trabajar: expresión y comprensión escrita, caligrafía y ortografía. La mayor traba fue conseguir coordinar ese intercambio de redacciones entre el alumnado. Pero, vaya, que ni tan mal. Salieron historias curiosas y aprendimos a respetar el trabajo de los demás y a ser amables cuando criticamos, especialmente al hablar de la forma de escribir de otros.

Sin duda donde más disfrutamos, aparte de con Charlie, fue en la última sesión que les preparé para proyectos. Volvimos a jugar un kahoot repasando reptiles y anfibios; más fluido que la vez anterior, aunque seguía costando restablecer la calma tras cada pregunta. Cerramos la doble sesión con una presentación en la que les había seleccionado varias especies de reptiles y anfibios que se encuentran en peligro. Fue un rato de pura fantasía, con la mayoría del alumnado muy atento a lo que se contaba, muchísimas preguntas, mucho debate...

¿Qué más cosas hicimos? Pongo unos epígrafes para no perdernos (no van necesariamente en orden cronológico):

1. Huerto.

Los días que la meteorología lo permitió tuvimos unas sesiones maravillosas. Hicimos un mandala utilizando hojas caídas de diferentes tonalidades, removimos la tierra para encontrar y observar larvas y lombrices... Los días de lluvia nos traíamos las actividades a clase, de forma coordinada con el proyecto, de manera que investigamos y aprendimos sobre artrópodos varios: arácnidos e insectos. Seguía habiendo algún problema para mantener la atención y evitar conflictos, pero bastante más controlado que cuando llegué en noviembre.

2. Semana de la ciencia.

Dedicamos las tardes de esa semana a aprender sobre el método científico, culminando con nuestro propio experimento: por equipos, diseñar algún artefacto para evitar que se nos rompiera un globo de agua que lanzaríamos desde lo alto de la escalera de incendios. Salieron ideas realmente curiosas, que incluso funcionaron. Pero, sobre todo, esto nos permitió trabajar más la cooperación, el respeto a los compañeros, la asertividad...

Hubo un grupo en el que se creó un conflicto que necesitamos algo de tiempo para resolver: uno de los niños, E., con una mente de auténtico ingeniero, se había encargado de diseñar la solución para el globo. El problema fue que otro compañero, A., sugirió una modificación en el diseño que fue aceptada por el resto del equipo excepto por E. Y E. tenía grandes problemas para aceptar cambios o encajar contrariedades. Así que hubo que mediar en el conflicto, ya que E. llegó al punto de querer romper el artefacto de todos porque "así no se puede, está mal". Se quedó el diseño decidido por la mayoría del equipo, se lanzó el globo y... sobrevivió. Menos mal, porque mi amigo E. estaba esperando a que se rompiera para decir "os lo dije". Al final, un poco a regañadientes, terminó reconociendo que para poder trabajar en equipo a veces hay que ceder y aceptar las ideas de los compañeros, que pueden ser tan buenas como las nuestras.

3. Excursión.

Covid, covad, cada día te odio más... El covid se había cargado todo el plan de salidas del centro, que es una de las piedras angulares del PEC (Giner de los Ríos, aprender en la vida real, etc, etc.) Pero una semana antes de acabar el trimestre se autorizaron salidas que pudieran hacerse al pie y que permitieran estar de vuelta a la hora de comer. Por suerte el cole tiene zonas de campo muy cerca, así que un viernes cogimos a toda la chiquillería de 2º y nos la llevamos a dar un paseo por un campito que estaba cerca, para que pudieran observar madrigueras de conejos, huellas de jabalíes, hongos, setas, musgo y mil cosas más.

Tras el paseo nos instalamos en una pequeña pradera a tomar el almuerzo y jugar un rato. Había una cantidad enorme de palos por el suelo; no podréis imaginar lo que ocurrió a continuación: un grupo bastante numeroso empezó a jugar a peleas con los palos, lo que acabó en pandemonium. María, la orientadora del primer ciclo, hizo parar a todo el mundo y les dio la siguiente instrucción: se podía jugar con los palos a cualquier cosa, excepto a peleas. Y lo que sucedió a continuación os sorprenderá de verdad: automáticamente pararon las peleas y empezó una frenética actividad constructora. En un rato aparecieron, como por arte de magia, teepees, chozas,y casi casi chalés con piscina. También hubo quien se dedicó a hacer mandalas con hojas, palos, piedras y "pedos de lobo".

No puedo resistirme a poner alguna foto de las obras de los peques:

4. Último día.

Ay. Se me hace un nudo en la garganta cada vez que recuerdo ese día. Por ser el último antes de las vacaciones, la jornada terminaba a las dos de la tarde. No había clases y cada docente se quedaba en el aula de su tutoría, mientras que quienes no eran tutores se iban pasando por las distintas clases a saludar, felicitar las fiestas y cantar villancicos.

Mis peques me habían preparado un regalo de despedida: un libro con dedicatorias de toda la clase, a cual más linda. Marta, mi tutora, me regaló un libro de cuentos como el que ella usaba en el aula. Y yo con la lagrimilla todo el rato. Pero lo más bonito sucedió después.

Durante la mañana hicimos un "árbol de los deseos": unimos unos palos de diferentes tamaños que habíamos traído de la excursión, de menor a mayor, dándoles forma de árbol de navidad. Luego le pedimos al alumnado que escribieran un deseo en unos círculos de papel que habíamos recortado. Y este fue el resultado:

Al final de la mañana, ya bastante cansados, nos pusimos a ver una película navideña. Pero uno de los niños, N., estaba especialmente inquieto y no disfrutaba de la peli. Así que me lo saqué conmigo al pasillo a tocar canciones con el ukelele (que, por cierto, había estado echando humo durante toda la mañana con los villancicos). Y sucedió algo maravilloso: N., quien no había demostrado gran interés por la música con anterioridad, resultó tener un oído y un sentido del ritmo enormes, y pasamos un rato muy divertido; él iba rasgueando las cuerdas al ritmo que le apetecía mientras que yo iba formando acordes diferentes. Poco a poco se nos fueron uniendo más niños y niñas y acabamos teniendo un taller de música improvisado.

Y hasta aquí mi periplo durante mi primer periodo de prácticas.  A la vuelta de las vacaciones de Navidad me he encontrado con mis peques (van a ser "mis peques" ya forever) a la salida del cole, cuando he ido a recoger a mi propia hija, y me han recibido con un coro de "¡Vickyyyyyy! ¡Hola, Vicky! ¿Cuando vuelves con nosotros?". Deseando estoy de volver a clase a ver qué tal están y seguir aprendiendo de ellas y ellos.

P.D.: cada instante invertido en tratar a las criaturas con cariño, humildad, respeto y paciencia, viene devuelto con creces. 


martes, 8 de diciembre de 2020

Tercera semana: en caso de duda, música.

  

Que sí, que ya, que voy con muchísimo retraso. Qué me vais a contar, si están pasando los días a una velocidad tal que se me mezclan unas semanas con otras. Y no, los fines de semana (incluyendo este de puente) no me llegan para todo lo que tengo que hacer, entre casa, criaturas, tareas de la universidad, preparar cosas del cole... voy relegando el blog a la última prioridad y, claro, me encuentro con que hoy llevo del orden de tres semanas de retraso. Podría rendirme y dejarlo estar, pero no. Intentaré ponerme al día, aunque solo sea porque luego me vendrá bien para la memoria de las prácticas :)

La semana comenzó bastante mejor de lo que acabó la anterior; vino el buen tiempo y, con él, el buen humor. El lunes mi tutora decidió probar un cambio en los rincones de mates: en lugar de limitarlos por tiempo y hacer rotar al alumnado, les propuso que los usaran de forma libre, todo el tiempo que quisieran y que se cambiaran de uno a otro a voluntad. Las únicas reglas eran que debían preguntar primero a quienes estuvieran jugando si podían participar y respetar en todo momento los turnos que se hubieran establecido.

¿Qué creéis que pasó? ¿Caos? ¿Pandemonium? ¿Peleas y conflictos a cascoporro? Pues no: apenas hubo conflictos, fueron tremendamente respetuosos/as todo el rato y disfrutaron muchísimo. Mi tutora y yo pudimos centrarnos en apoyar al alumnado con más dificultad para entender los juegos o para relacionarse y la sesión fue como la seda. ¿A qué jugamos? Al parchís, el jenga, construcciones con regletas, tres en raya y la rayuela. Si necesitaban moverse, se iban a dar saltos a la rayuela. Los que necesitaban tranquilidad y concentración, a las regletas. En los juegos de mesa se vivieron partidas apasionantes.

Por la tarde me hice cargo de la sesión doble de proyectos. Les había preparado un Kahoot de repaso sobre peces. Lo hicimos por equipos. Cada equipo tenía un juego de tarjetas de respuesta como estas, que se corresponden con los símbolos de las opciones en Kahoot:


Debían discutir y acordar la respuesta correcta dentro del equipo y, antes de que acabara el tiempo, el coordinador o coordinadora de cada equipo levantaba la tarjeta correspondiente a la opción que consideraran correcta. Yo pulsaba la respuesta correcta desde mi móvil, contando toda la clase como un único concursante, de manera que no competían entre ellos, sino todos juntos para conseguir el máximo de puntos.

De nuevo me sorprendieron porque, quitando el nivel ruido y las interrupciones para restablecer la calma, funcionaron maravillosamente y disfrutaron mucho de la actividad. Aplaudieron a rabiar cuando salió el nombre de la clase en lo más alto del podio al terminar el cuestionario :) La sesión terminó con un taller en el que debían diseñar y confeccionar su propio pez.

El martes hice caso a una buena amiga y me llevé un cartucho en la recámara. Bueno, dos en realidad: mi flauta y mi ukelele. En la hora de mates, que consistía en trabajo individual, saqué la flauta y me puse a tocar en el porchecito, con la puerta abierta (un poquito de frío, pero la seguridad ante todo). Les pedimos que procurasen mantener un nivel de ruido tal que pudiera oírse la melodía de la flauta en todo momento. Y bueno, funcionó; al menos durante un buen rato :)

Con el otro grupo, que teníamos plástica, aprovechamos que hacía muy buen día y los sacamos al césped, al sol. Yo me puse a tocar piezas de diferentes estilos con la flauta y les pedimos que fueran dibujando o escribiendo lo que les inspirarse la música. Éxito total.

Charlie no falló en ninguno de los grupos. He descubierto que tengo un verdadero talento como cuentacuentos y me estoy aprovechando de ese superpoder:

-Y aquí termina el capítulo, la semana que viene continuaremos.

- Noooooooooo, un poco más...

El jueves fue la auténtica prueba de fuego con nuestro grupo: el huerto. Si ya de normal he podido ir comprobando que dos maestras juntas en un aula pueden hacer maravillas, en el huerto no hubiera sido posible trabajar sin estar mi tutora y yo apoyando a la responsable. Nos distribuimos estratégicamente, poniendo cerquita de cada una de nosotras a las criaturas más movidas. Y ni tan mal. Hubo que parar alguna vez para retomar el control si se dispersaban demasiado, pero en general no tuvimos incidencias.

A la vuelta me fui reafirmando en una hipótesis que tengo sobre el comportamiento de las criaturas (desarrollada en mi experiencia como madre): que niños y niñas la suelen liar parda si se aburren :) Nos paramos y formamos un círculo en el patio, junto a los baños. Mi tutora los iba mandando por grupos a lavarse las manos. Los que esperaban, poco a poco se iban impacientando y comenzaban a chincharse unos a otros y a pelearse. Así que decidí ponerme a cantar una canción típica de campamento, de esas en las que uno canta y el resto repiten los versos. Y acerté. Como no se la sabían, prestaban mucha atención; y luego, al ir aprendiéndosela, estaban entusiasmados con ser ellos y ellas quienes dirigieran el juego. Criaturas entretenidas, cero conflictos.

El viernes no hay mucho que reseñar. Charlie con el otro grupo, éxito habitual. La última hora con nuestra clase la dedicamos a ver un trocito de "Buscando a Dory". Había poco ya que hacer en cuanto a contenidos y nos habíamos ganado el rato de entretenimiento con creces.

Y hasta aquí la semana 3. Para la 4 mi tutora me propuso preparar una sesión de mates y otra de lengua. La de mates fue un poco fiasco; y precisamente sobre los errores cometidos he podido reflexionar y aprender muchísimo, pero eso ya os lo contaré en la próxima entrada. De momento, la reflexión de esta semana, en titulares, es la siguiente:

- Cambiar el ritmo y sorprenderles.

- Sí más maestras es mejor.

- En caso de duda, música.

domingo, 22 de noviembre de 2020

La segunda semana - Work in progress



Ya avisé de que no escribiría en los plazos que me había marcado. Termino los días absolutamente agotada y el poquito tiempo del que dispongo por las tardes lo estoy dedicando a aprender canciones nuevas con el ukelele para una cosa del cole que ya os contaré :)

Pero bueno, voy por orden, lenta pero segura, y hoy me toca contaros lo que ocurrió en la segunda semana de prácticas.

La semana anterior había llovido bastante y habíamos tenido a las criaturas metidas en clase casi todo el día, así que esta semana estaban como locas por salir al patio. Y jugar con el barro. Ay, el barro... Hubo quien se lanzó a los charcos de barro al más puro estilo Peppa Pig, llenándose  hasta la ropa interior cada vez que salía.

La clase entera estaba en general más revolucionada que de costumbre. El martes fue un día algo movido, pero sin incidentes. El miércoles vino Charlie a salvarnos el día, aunque mi audiencia estaba un poco distraída y había que parar frecuentemente a recuperar su atención.

Precisamente el miércoles tuvimos que cubrir una guardia en 3º:

-Es una clase de inglés. Según nos ha dejado su profe, tenemos que ver un par de vídeos que han hecho algunos de ellos preparando una receta de cocina y luego comentarlos. Después tienen un par de ejercicios del libro para hacer. ¿Por qué me miras así? No me digas que controlas de inglés, porque das tú la clase...

-¿Puedo? ¿De verdad que puedo?

Ay, cómo disfruté :) (Nota mental, repasar vocabulario sobre especias). Al principio titubeé un poco ("¿les hago preguntas sobre el vídeo? ¿Mejor que se pregunten entre ellos y ellas?") pero en cuanto echamos a rodar fue como la seda. Se notaba que el alumnado estaba muy acostumbrado a participar, a hacer preguntas y a exponer delante de la clase. Uno de los chiquillos tenía bastantes dificultades con el idioma, pero fui poquito a poco ayudándolo a encontrar las palabras y a hacer pequeñas frases para contestar a las preguntas de sus compañeros y compañeras. No os puedo ni describir con palabras lo gratificante que me resultó la experiencia.

El jueves fue un día de claroscuros. Mi tutora me pidió que preparase unas actividades de lengua para que las pudiera hacer L. Y me propuso que, ya que las había preparado, las trabajara yo con él. Estaba un poquito nerviosa porque nunca había trabajado con un chiquillo autista; mi miedo era no poder encontrar el equilibrio entre ayudarlo a focalizar en la tarea y evitar que se sobrecargara demasiado. Por suerte contaba con la inmensa ayuda de su sombra, una mujer maravillosa que lo conoce a la perfección y que me fue orientando en cada momento.

Acabando la clase, que era la última del día, vinieron tres niños de nuestra tutoría, a avisar de que había ocurrido un "accidente" durante la clase de inglés; como consecuencia del "accidente" el reloj del aula había terminado en el suelo, con el cristal roto y trocitos de cristal desparramados por todo el aula. A eso se sumaba que en la hora anterior, en el huerto, se había tenido que cancelar la actividad que estaban realizando a causa de las continuas interrupciones por parte de un grupo de niños y niñas. Y a haber tenido que ayudar a limpiarse y cambiarse de ropa a varios aspirantes al premio Peppa Pig, uno de ellos en dos ocasiones.

Cuando mandamos a las criaturas a ponerse los abrigos y salir a la fila estábamos, tanto mi tutora como yo, agotadas y bastante desanimadas. No se lo digáis a nadie, pero ese día nos despedimos con un abrazo de ánimo y consuelo.

El viernes pude comprobar de que mi tutora es una superwoman. Aunque seguía cansada y con la moral un poco baja, de arremangó y empezamos el día con una asamblea de la clase, en la que hablamos de cómo habíamos vivido la semana en general y el jueves en particular. Me sorprendió mucho cómo los niños y niñas de 7 años eran capaces de expresar lo que habían vivido y como se habían sentido; la mayoría estaban molestos por no haberse perdido la actividad del huerto por culpa del comportamiento de unos pocos. Acordamos con la clase que a partir de entonces seríamos nosotras quienes les acompañaríamos al huerto, de manera que quienes tuvieran ganas de realizar la actividad que tocara estarían dentro conmigo y quienes no quisieran participar y estuvieran molestando al resto, se quedarían fuera con la tutora.

Y, como la semana anterior, agotada pero feliz, me fui a casa. Esta vez con el encargo de preparar yo la doble sesión de proyectos de la semana siguiente... que os contaré en la próxima entrada :)




sábado, 14 de noviembre de 2020

La primera semana.



Como han pasado ya las dos primeras semanas en el cole, voy a dedicar un par de entradas a contar cada una de ellas para ponerme al día. A partir de la semana que viene intentaré que las entradas sean diarias, para que no se pierda nada. No prometo nada, esto no es un contrato vinculante, ¿eh?

El primer día fue muy intenso, como no podía ser de otra manera. Me recibió la coordinadora de prácticas del colegio con muchísima calidez y amabilidad. Pasamos por enfermería a hacer un test rápido de COVID-19 y después nos sentamos un rato a charlar sobre el funcionamiento del cole y las normas a tener en cuenta durante el periodo de prácticas: horarios, logística, protocolo COVID, proyecto educativo... Después me acompañó hasta el aula donde estaba la tutora que me habían asignado para las prácticas, en 2º de primaria. Ay, qué mariposillas en la tripa.

Era la hora del recreo, así que pudimos presentarnos y charlar un momento a solas antes de que volviera el alumnado:

-Esta primera semana la dedicas más a observar y a partir de la semana que viene ya empezamos a pensar qué puedes hacer.

Llegaron los peques del recreo:

-Esta es Vicky. Es una profe que viene a aprender y va a estar en clase hasta el final del trimestre. ¿Queréis conocerla? ¡Preguntadle cosas!

Solo faltó que me preguntaran de qué color llevaba las bragas. En serio. "¿Cuál es tu color favorito?" "¿Cuántos años tienes?" "¿Cuál es tu juego favorito?" "¿Cuál es tu comida favorita?" "¿Cuál es tu número favorito?" "¿Cuál es tu letra favorita?".

Ese día tuvimos mates con los dos grupos a los que mi tutora da clase. La tarea era hacer una pokébol con un número de dos cifras en el centro y de ella tenían que salir al menos 8 carteles con diferentes formas de descomponer el número. El número que estaban trabajando era el 32 y de las pokébols empezaban a colgar cartelitos con "30 + 2" o "12 + 10"...

-Vicky, ¿me ayudas? No lo entiendo.

-Claro que sí, cielo, cuéntame.

Y ahí se acabó lo de observar. A partir de ese momento me fui pasando por las mesas a animar a quienes que les daba pereza, a revisar las pokébols terminadas, a explicar cómo hacerlo a quienes les costaba más. Y a resolver cuestiones sobre sacapuntas desaparecidos, lápices sin punta, turnos para ir al WC o el caso de P., el compi que se mete debajo de la mesa de la profe cuando le agobia hacer la tarea. Al acabar la clase recibí un abrazo "apretao" de L., tan bonito que casi me pongo a llorar allí mismo.

El día pasó volando y a última hora, que no teníamos clase (complementaria, se llama esa hora), nos quedamos charlando mi tutora y yo sobre las impresiones de ese primer día.

-Ya sé que habíamos dicho que esta semana solo observar, pero me has sido de muchísima ayuda en clase. Muchas gracias, de verdad.

No sabía casi ni qué decir.

El resto de la semana transcurrió sin grandes sobresaltos. Llovió casi toda la semana y fue algo pesado para las criaturas, que pasaron mucho rato en el interior sin poder corretear libremente. Se iba notando cómo aumentaba el nivel de ruido conforme iban pasando los días. Yo llegaba a casa agotadísima, pero muy feliz.

El viernes tocaba lectura y me ofrecí para leer el par de capítulos que tocaban de Charlie y la fábrica de chocolate. Puse voces, gesticulé, hice la payasa todo lo que puede y más. Nos lo pasamos tan bien que, cuando acabé el segundo de los capítulos, mi pequeña audiencia se puso a gritar: "¡Noooooo, no pares! ¡Otro más, otro más!" Conseguimos que leyeran un rato de forma individual pasando por las mesas y preguntándoles por el libro que estaban leyendo y pidiéndoles que nos leyeran un poquito. Me encantó comprobar que muchos de los niños y niñas disfrutaban de verdad leyendo. Incluso encontré a una pequeña potterhead que estaba acabando el segundo libro de Harry Potter.

A última hora volvimos a tener complementaria. Mi tutora me dijo que en un principio tenía previsto haber hecho un repaso del alumnado conmigo, contándome un poco sus particularidades y, en especial, aquellos/as que tenían necesidades educativas especiales, o al menos necesidades específicas de apoyo educativo. Pero que no lo iba a hacer. Que pensaba que sería más interesante que los fuera conociendo tal cual, sin etiquetas, sin prejuicios, y que pasado un tiempo le contara cuál era mi percepción. Me pareció una idea maravillosa.

Y llegó el fin de semana. Lavadoras, cocina, trabajos de la universidad... se pasó volando. El lunes a las 8:45 ya estaba de vuelta con muchas ganas de empezar de nuevo. Y menos mal que fui con ganas, porque la segunda semana se presentó bastante movidita.

Pero eso os lo contaré en la siguiente entrada :)



viernes, 13 de noviembre de 2020

Con permiso, buenas tardes...



Después de tanto tiempo sin decir ni mu por este rinconcito, he decidido recuperarlo para intentar obligarme a llevar un pequeño registro de mi día a día durante el periodo de prácticas.

Sí, sí, has leído bien: PRÁCTICAS. Estoy en un cole. Con niñas y niños de carne y hueso. Yo.
Y estoy disfrutando como nunca.

Rebobino un poco para rellenar brevemente el hueco tan enorme entre mis entradas anteriores y hoy: continué cursando asignaturas de la carrera con dos cambios de trabajo de por medio, mis criaturillas, una pandemia... Me embarqué en algún otro proyecto que abracé con gran entusiasmo y al que tampoco di continuidad, me peleé con innumerables educarcas en las redes... en fin, yo soy así.

Me quedan ya poquitas asignaturas para terminar, junto con las prácticas y el TFG. Este curso decidí tirarme a la piscina y hacer todas las prácticas seguidas, ya que se me presentaba una ventana de oportunidad tanto en lo laboral como en lo familiar que no podía desaprovechar. Para el siguiente (y, espero, último curso) me dejo asignaturas sueltas y el TFG.

El balance en general de la carrera, uf, no sabría decir. Superficial, creo sería la palabra. Ha habido ámbitos en los que he aprendido mucho más leyendo y debatiendo en redes sociales que en la universidad. Muchas asignaturas han sido un "quiero y no puedo"; otras directamente una pérdida de tiempo; y algunas, pocas, las he disfrutado mucho. No voy a ponerme ahora a desgranar asignatura por asignatura porque aburriría hasta a las piedras. Solo diré que hay muchísimo que mejorar en la formación inicial de los futuros docentes. 

A lo que iba: las prácticas. Pregunté al colegio de mis criaturas si me podían sacar una plaza para hacer las prácticas con ellos y fueron la mar de majos y lo hicieron. Y heme aquí, desde el 3 de noviembre en una clase de 2º de primaria. Bueno, realmente en dos clases, ya que mi tutora de prácticas da clase de varias asignaturas a otro segundo más, así que llevo los últimos diez días haciendo un esfuerzo enorme por memorizar los nombres de cuarenta y pico criaturas de 6 y 7 años. Debo decir que ya casi los tengo controlados, solo me despisto en el recreo cuando se quitan la mascarilla para almorzar.

Mi valoración inicial de estos escasos diez días no puede ser más positiva: mi tutora es un amor de maestra, que se preocupa de corazón por su alumnado. El alumnado, niños y niñas de 6-7 años, adorables y tremendamente trastos. En el aula hay alumnado con diversidad funcional de todo tipo y es admirable cómo trabaja de forma coordinada todo el equipo docente, tanto tutores como especialistas y apoyos.

El primer día me dijeron que las dos primeras semanas serían más para observar y ya luego empezaría a "hacer cosas". Pero ni observar ni leches. Si, mientras la maestra está explicando la parte teórica del proyecto sobre lo peces, hay dos elementos subversivos liándola parda al fondo de la clase, pues allá que voy yo a intentar poner paz. O si, la maestra me dice tímidamente: "¿quieres leerles tú el capítulo de 'Charlie y la fábrica de chocolate'"?, pues cojo el libro y les leo poniendo voces a los personajes y haciendo todas las payasadas que se me ocurren.

Como he dicho antes, estoy disfrutando como nunca. Vuelvo a casa exhausta pero con los bolsillos llenos de barquitos de papel, dibujos o cualquier otra cosa que a los peques se les ocurre regalarme.

Bueno, creo que aquí paro. Hoy me conformo con haber retomado las buena costumbre de escribir. Poco a poco os iré contando sobre la guardia que hicimos en un 3º, donde me marqué una sesión entera en inglés; o sobre el día en que pasé la hora de lengua trabajando con L., un peque autista, o sobre mi curso acelerado de papiroflexia para entretener a la chiquillería durante la acogida.
Stay tuned!

jueves, 9 de marzo de 2017

Animales domésticos y sus cuidados (I): antes de adoptar. #practicaTIC

Hoy vuelvo a economizar recursos y aprovechar para, con esta entrada, lograr un triple objetivo:


  1. Retomar el blog, que no hay manera de dar continuidad con esta vida de locos que llevo.
  2. Realizar una práctica de la asignatura Las TIC en la Educación (a ver qué tal se da).
  3. Continuar con el proyecto en que me he embarcado de formación en valores para los niños y niñas, dentro del programa de Animales al servicio de la Humanidad de la URJC (podéis ver el proyecto aquí).


Y, directos al tema que nos ocupa, el artículo de hoy se centra en los animales domésticos por ser los más cercanos a nosotros, y los más dependientes de nosotros también.




Lo primero de todo, antes de embarcarse en la aventura de compartir tu vida con un animal es preguntarse: ¿realmente puedo cuidarlo como necesita? Muchas personas se ilusionan con la idea de tener una mascota, pero luego comprenden que no se trata de "tener una mascota", como quien tiene un peluche. Por eso, antes de lanzarse, es muy conveniente que nos hagamos las siguientes preguntas (al menos):


  • ¿Sabes durante cuánto tiempo tendrás que ser responsable del animal?
  • ¿Sabes cuánto dinero cuesta mantenerlo y puedes hacerlo?
  • ¿Tienes tiempo para cuidarlo, mimarlo y jugar con él?
  • ¿Sabes el tiempo, esfuerzo y paciencia que supone educar a un animal que no conoce las "normas" de la casa?
  • ¿Puedes asumir los daños que pueda ocasionar en tus muebles u objetos?
  • ¿Estás dispuesto a adaptar tu casa a sus necesidades?
  • ¿Está toda la familia de acuerdo con la idea de adoptar un animal?
  • ¿Hay ya otros animales en la casa?
En este descargable podéis encontrar las respuestas a esas preguntas, para ayudaros a tomar una decisión que es tremendamente importante, nunca para tomar a la ligera.

Y por último, os dejo con nuestra amiga Carolina, que va a explicarnos lo que significa para ella vivir con su perro, Popy. 



jueves, 15 de diciembre de 2016

La Escuela del Corazón

Hoy voy a aprovechar una reflexión que he escrito en el foro de una asignatura, sobre los "grandes desafíos de la educación". Me ha parecido interesante compartirla, porque en estos tiempos revueltos es importante no perder el foco...


Tengo un buen amigo (en gran parte culpable de que me vea en estas lides) que es maestro ya jubilado.
Solemos conversar sobre estos temas, sobre educación, sobre los retos actuales, sobre cómo afrontarlos, sobre el necesario cambio de paradigma en nuestro sistema, sobre la Escuela del Corazón, como él la llama.
Y una de las cosas que me ha dicho más de una vez es que no hay que perder de vista el foco: para qué educamos, qué pretendemos lograr: ¿personas autónomas?, ¿personas comprometidas?, ¿personas competitivas, preparadas? Él lo tiene claro. En la Escuela que él entiende, la Escuela del Corazón, educamos para lograr personas que amen:
Que se amen así mismas. Que se conozcan y se respeten. Que se cultiven, que se desarrollen, que se cuiden. Que no se dejen intimidar ni pisotear. Que no se conformen. Que sean sinceras, especialmente consigo mismas.
Que amen a los demás. Que sean solidarias, amables, respetuosas. Que no den la espalda, que se abran a los demás. Que sepan reír y llorar, pero sobre todo que sepan acompañar a quien llora o ríe. Que sean empáticas y tolerantes. Que busquen puntos de encuentro y siempre, siempre, la paz.
Que amen a su planeta.  A su entorno. Donde viven. Donde todos vivimos. Y que necesitamos para seguir haciéndolo. Que comprendan y respeten a los animales, a los todos seres vivos. Que comprendan que lo que hacemos tiene consecuencias en nuestro planeta, que es importante reflexionar sobre lo que hacemos y preguntarnos cómo podemos ayudar a que el mundo sea mejor.
Los docentes, nosotros, futuros docentes, tenemos una gran responsabilidad en esto, junto con las familias. Juntos, docentes y familias (y con el apoyo de la Administración), tenemos que lograr construir esa Escuela del Corazón. Y no vale poner excusas ni echar balones fuera ("es que las familias..."; "es que los maestros"; "es que los políticos"; "es que el sistema"...). Si somos conscientes de ello, estamos obligados a sumar, desde nuestra parcela, e intentar invitar a nuestro alrededor a que se sume a esta maravillosa aventura.
Para mí, ese es el auténtico reto, el auténtico desafío de la educación.