viernes, 13 de noviembre de 2020

Con permiso, buenas tardes...



Después de tanto tiempo sin decir ni mu por este rinconcito, he decidido recuperarlo para intentar obligarme a llevar un pequeño registro de mi día a día durante el periodo de prácticas.

Sí, sí, has leído bien: PRÁCTICAS. Estoy en un cole. Con niñas y niños de carne y hueso. Yo.
Y estoy disfrutando como nunca.

Rebobino un poco para rellenar brevemente el hueco tan enorme entre mis entradas anteriores y hoy: continué cursando asignaturas de la carrera con dos cambios de trabajo de por medio, mis criaturillas, una pandemia... Me embarqué en algún otro proyecto que abracé con gran entusiasmo y al que tampoco di continuidad, me peleé con innumerables educarcas en las redes... en fin, yo soy así.

Me quedan ya poquitas asignaturas para terminar, junto con las prácticas y el TFG. Este curso decidí tirarme a la piscina y hacer todas las prácticas seguidas, ya que se me presentaba una ventana de oportunidad tanto en lo laboral como en lo familiar que no podía desaprovechar. Para el siguiente (y, espero, último curso) me dejo asignaturas sueltas y el TFG.

El balance en general de la carrera, uf, no sabría decir. Superficial, creo sería la palabra. Ha habido ámbitos en los que he aprendido mucho más leyendo y debatiendo en redes sociales que en la universidad. Muchas asignaturas han sido un "quiero y no puedo"; otras directamente una pérdida de tiempo; y algunas, pocas, las he disfrutado mucho. No voy a ponerme ahora a desgranar asignatura por asignatura porque aburriría hasta a las piedras. Solo diré que hay muchísimo que mejorar en la formación inicial de los futuros docentes. 

A lo que iba: las prácticas. Pregunté al colegio de mis criaturas si me podían sacar una plaza para hacer las prácticas con ellos y fueron la mar de majos y lo hicieron. Y heme aquí, desde el 3 de noviembre en una clase de 2º de primaria. Bueno, realmente en dos clases, ya que mi tutora de prácticas da clase de varias asignaturas a otro segundo más, así que llevo los últimos diez días haciendo un esfuerzo enorme por memorizar los nombres de cuarenta y pico criaturas de 6 y 7 años. Debo decir que ya casi los tengo controlados, solo me despisto en el recreo cuando se quitan la mascarilla para almorzar.

Mi valoración inicial de estos escasos diez días no puede ser más positiva: mi tutora es un amor de maestra, que se preocupa de corazón por su alumnado. El alumnado, niños y niñas de 6-7 años, adorables y tremendamente trastos. En el aula hay alumnado con diversidad funcional de todo tipo y es admirable cómo trabaja de forma coordinada todo el equipo docente, tanto tutores como especialistas y apoyos.

El primer día me dijeron que las dos primeras semanas serían más para observar y ya luego empezaría a "hacer cosas". Pero ni observar ni leches. Si, mientras la maestra está explicando la parte teórica del proyecto sobre lo peces, hay dos elementos subversivos liándola parda al fondo de la clase, pues allá que voy yo a intentar poner paz. O si, la maestra me dice tímidamente: "¿quieres leerles tú el capítulo de 'Charlie y la fábrica de chocolate'"?, pues cojo el libro y les leo poniendo voces a los personajes y haciendo todas las payasadas que se me ocurren.

Como he dicho antes, estoy disfrutando como nunca. Vuelvo a casa exhausta pero con los bolsillos llenos de barquitos de papel, dibujos o cualquier otra cosa que a los peques se les ocurre regalarme.

Bueno, creo que aquí paro. Hoy me conformo con haber retomado las buena costumbre de escribir. Poco a poco os iré contando sobre la guardia que hicimos en un 3º, donde me marqué una sesión entera en inglés; o sobre el día en que pasé la hora de lengua trabajando con L., un peque autista, o sobre mi curso acelerado de papiroflexia para entretener a la chiquillería durante la acogida.
Stay tuned!

No hay comentarios:

Publicar un comentario