Hoy voy a aprovechar una reflexión que he escrito en el foro de una asignatura, sobre los "grandes desafíos de la educación". Me ha parecido interesante compartirla, porque en estos tiempos revueltos es importante no perder el foco...
Tengo un buen amigo (en gran parte culpable de que me vea en estas lides) que es maestro ya jubilado.
Solemos conversar sobre estos temas, sobre educación, sobre los retos actuales, sobre cómo afrontarlos, sobre el necesario cambio de paradigma en nuestro sistema, sobre la Escuela del Corazón, como él la llama.
Y una de las cosas que me ha dicho más de una vez es que no hay que perder de vista el foco: para qué educamos, qué pretendemos lograr: ¿personas autónomas?, ¿personas comprometidas?, ¿personas competitivas, preparadas? Él lo tiene claro. En la Escuela que él entiende, la Escuela del Corazón, educamos para lograr personas que amen:
Que se amen así mismas. Que se conozcan y se respeten. Que se cultiven, que se desarrollen, que se cuiden. Que no se dejen intimidar ni pisotear. Que no se conformen. Que sean sinceras, especialmente consigo mismas.
Que amen a los demás. Que sean solidarias, amables, respetuosas. Que no den la espalda, que se abran a los demás. Que sepan reír y llorar, pero sobre todo que sepan acompañar a quien llora o ríe. Que sean empáticas y tolerantes. Que busquen puntos de encuentro y siempre, siempre, la paz.
Que amen a su planeta. A su entorno. Donde viven. Donde todos vivimos. Y que necesitamos para seguir haciéndolo. Que comprendan y respeten a los animales, a los todos seres vivos. Que comprendan que lo que hacemos tiene consecuencias en nuestro planeta, que es importante reflexionar sobre lo que hacemos y preguntarnos cómo podemos ayudar a que el mundo sea mejor.
Los docentes, nosotros, futuros docentes, tenemos una gran responsabilidad en esto, junto con las familias. Juntos, docentes y familias (y con el apoyo de la Administración), tenemos que lograr construir esa Escuela del Corazón. Y no vale poner excusas ni echar balones fuera ("es que las familias..."; "es que los maestros"; "es que los políticos"; "es que el sistema"...). Si somos conscientes de ello, estamos obligados a sumar, desde nuestra parcela, e intentar invitar a nuestro alrededor a que se sume a esta maravillosa aventura.
Para mí, ese es el auténtico reto, el auténtico desafío de la educación.

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