Ya avisé de que no escribiría en los plazos que me había marcado. Termino los días absolutamente agotada y el poquito tiempo del que dispongo por las tardes lo estoy dedicando a aprender canciones nuevas con el ukelele para una cosa del cole que ya os contaré :)
Pero bueno, voy por orden, lenta pero segura, y hoy me toca contaros lo que ocurrió en la segunda semana de prácticas.
La semana anterior había llovido bastante y habíamos tenido a las criaturas metidas en clase casi todo el día, así que esta semana estaban como locas por salir al patio. Y jugar con el barro. Ay, el barro... Hubo quien se lanzó a los charcos de barro al más puro estilo Peppa Pig, llenándose hasta la ropa interior cada vez que salía.
La clase entera estaba en general más revolucionada que de costumbre. El martes fue un día algo movido, pero sin incidentes. El miércoles vino Charlie a salvarnos el día, aunque mi audiencia estaba un poco distraída y había que parar frecuentemente a recuperar su atención.
Precisamente el miércoles tuvimos que cubrir una guardia en 3º:
-Es una clase de inglés. Según nos ha dejado su profe, tenemos que ver un par de vídeos que han hecho algunos de ellos preparando una receta de cocina y luego comentarlos. Después tienen un par de ejercicios del libro para hacer. ¿Por qué me miras así? No me digas que controlas de inglés, porque das tú la clase...
-¿Puedo? ¿De verdad que puedo?
Ay, cómo disfruté :) (Nota mental, repasar vocabulario sobre especias). Al principio titubeé un poco ("¿les hago preguntas sobre el vídeo? ¿Mejor que se pregunten entre ellos y ellas?") pero en cuanto echamos a rodar fue como la seda. Se notaba que el alumnado estaba muy acostumbrado a participar, a hacer preguntas y a exponer delante de la clase. Uno de los chiquillos tenía bastantes dificultades con el idioma, pero fui poquito a poco ayudándolo a encontrar las palabras y a hacer pequeñas frases para contestar a las preguntas de sus compañeros y compañeras. No os puedo ni describir con palabras lo gratificante que me resultó la experiencia.
El jueves fue un día de claroscuros. Mi tutora me pidió que preparase unas actividades de lengua para que las pudiera hacer L. Y me propuso que, ya que las había preparado, las trabajara yo con él. Estaba un poquito nerviosa porque nunca había trabajado con un chiquillo autista; mi miedo era no poder encontrar el equilibrio entre ayudarlo a focalizar en la tarea y evitar que se sobrecargara demasiado. Por suerte contaba con la inmensa ayuda de su sombra, una mujer maravillosa que lo conoce a la perfección y que me fue orientando en cada momento.
Acabando la clase, que era la última del día, vinieron tres niños de nuestra tutoría, a avisar de que había ocurrido un "accidente" durante la clase de inglés; como consecuencia del "accidente" el reloj del aula había terminado en el suelo, con el cristal roto y trocitos de cristal desparramados por todo el aula. A eso se sumaba que en la hora anterior, en el huerto, se había tenido que cancelar la actividad que estaban realizando a causa de las continuas interrupciones por parte de un grupo de niños y niñas. Y a haber tenido que ayudar a limpiarse y cambiarse de ropa a varios aspirantes al premio Peppa Pig, uno de ellos en dos ocasiones.
Cuando mandamos a las criaturas a ponerse los abrigos y salir a la fila estábamos, tanto mi tutora como yo, agotadas y bastante desanimadas. No se lo digáis a nadie, pero ese día nos despedimos con un abrazo de ánimo y consuelo.
El viernes pude comprobar de que mi tutora es una superwoman. Aunque seguía cansada y con la moral un poco baja, de arremangó y empezamos el día con una asamblea de la clase, en la que hablamos de cómo habíamos vivido la semana en general y el jueves en particular. Me sorprendió mucho cómo los niños y niñas de 7 años eran capaces de expresar lo que habían vivido y como se habían sentido; la mayoría estaban molestos por no haberse perdido la actividad del huerto por culpa del comportamiento de unos pocos. Acordamos con la clase que a partir de entonces seríamos nosotras quienes les acompañaríamos al huerto, de manera que quienes tuvieran ganas de realizar la actividad que tocara estarían dentro conmigo y quienes no quisieran participar y estuvieran molestando al resto, se quedarían fuera con la tutora.
Y, como la semana anterior, agotada pero feliz, me fui a casa. Esta vez con el encargo de preparar yo la doble sesión de proyectos de la semana siguiente... que os contaré en la próxima entrada :)

