domingo, 22 de noviembre de 2020

La segunda semana - Work in progress



Ya avisé de que no escribiría en los plazos que me había marcado. Termino los días absolutamente agotada y el poquito tiempo del que dispongo por las tardes lo estoy dedicando a aprender canciones nuevas con el ukelele para una cosa del cole que ya os contaré :)

Pero bueno, voy por orden, lenta pero segura, y hoy me toca contaros lo que ocurrió en la segunda semana de prácticas.

La semana anterior había llovido bastante y habíamos tenido a las criaturas metidas en clase casi todo el día, así que esta semana estaban como locas por salir al patio. Y jugar con el barro. Ay, el barro... Hubo quien se lanzó a los charcos de barro al más puro estilo Peppa Pig, llenándose  hasta la ropa interior cada vez que salía.

La clase entera estaba en general más revolucionada que de costumbre. El martes fue un día algo movido, pero sin incidentes. El miércoles vino Charlie a salvarnos el día, aunque mi audiencia estaba un poco distraída y había que parar frecuentemente a recuperar su atención.

Precisamente el miércoles tuvimos que cubrir una guardia en 3º:

-Es una clase de inglés. Según nos ha dejado su profe, tenemos que ver un par de vídeos que han hecho algunos de ellos preparando una receta de cocina y luego comentarlos. Después tienen un par de ejercicios del libro para hacer. ¿Por qué me miras así? No me digas que controlas de inglés, porque das tú la clase...

-¿Puedo? ¿De verdad que puedo?

Ay, cómo disfruté :) (Nota mental, repasar vocabulario sobre especias). Al principio titubeé un poco ("¿les hago preguntas sobre el vídeo? ¿Mejor que se pregunten entre ellos y ellas?") pero en cuanto echamos a rodar fue como la seda. Se notaba que el alumnado estaba muy acostumbrado a participar, a hacer preguntas y a exponer delante de la clase. Uno de los chiquillos tenía bastantes dificultades con el idioma, pero fui poquito a poco ayudándolo a encontrar las palabras y a hacer pequeñas frases para contestar a las preguntas de sus compañeros y compañeras. No os puedo ni describir con palabras lo gratificante que me resultó la experiencia.

El jueves fue un día de claroscuros. Mi tutora me pidió que preparase unas actividades de lengua para que las pudiera hacer L. Y me propuso que, ya que las había preparado, las trabajara yo con él. Estaba un poquito nerviosa porque nunca había trabajado con un chiquillo autista; mi miedo era no poder encontrar el equilibrio entre ayudarlo a focalizar en la tarea y evitar que se sobrecargara demasiado. Por suerte contaba con la inmensa ayuda de su sombra, una mujer maravillosa que lo conoce a la perfección y que me fue orientando en cada momento.

Acabando la clase, que era la última del día, vinieron tres niños de nuestra tutoría, a avisar de que había ocurrido un "accidente" durante la clase de inglés; como consecuencia del "accidente" el reloj del aula había terminado en el suelo, con el cristal roto y trocitos de cristal desparramados por todo el aula. A eso se sumaba que en la hora anterior, en el huerto, se había tenido que cancelar la actividad que estaban realizando a causa de las continuas interrupciones por parte de un grupo de niños y niñas. Y a haber tenido que ayudar a limpiarse y cambiarse de ropa a varios aspirantes al premio Peppa Pig, uno de ellos en dos ocasiones.

Cuando mandamos a las criaturas a ponerse los abrigos y salir a la fila estábamos, tanto mi tutora como yo, agotadas y bastante desanimadas. No se lo digáis a nadie, pero ese día nos despedimos con un abrazo de ánimo y consuelo.

El viernes pude comprobar de que mi tutora es una superwoman. Aunque seguía cansada y con la moral un poco baja, de arremangó y empezamos el día con una asamblea de la clase, en la que hablamos de cómo habíamos vivido la semana en general y el jueves en particular. Me sorprendió mucho cómo los niños y niñas de 7 años eran capaces de expresar lo que habían vivido y como se habían sentido; la mayoría estaban molestos por no haberse perdido la actividad del huerto por culpa del comportamiento de unos pocos. Acordamos con la clase que a partir de entonces seríamos nosotras quienes les acompañaríamos al huerto, de manera que quienes tuvieran ganas de realizar la actividad que tocara estarían dentro conmigo y quienes no quisieran participar y estuvieran molestando al resto, se quedarían fuera con la tutora.

Y, como la semana anterior, agotada pero feliz, me fui a casa. Esta vez con el encargo de preparar yo la doble sesión de proyectos de la semana siguiente... que os contaré en la próxima entrada :)




sábado, 14 de noviembre de 2020

La primera semana.



Como han pasado ya las dos primeras semanas en el cole, voy a dedicar un par de entradas a contar cada una de ellas para ponerme al día. A partir de la semana que viene intentaré que las entradas sean diarias, para que no se pierda nada. No prometo nada, esto no es un contrato vinculante, ¿eh?

El primer día fue muy intenso, como no podía ser de otra manera. Me recibió la coordinadora de prácticas del colegio con muchísima calidez y amabilidad. Pasamos por enfermería a hacer un test rápido de COVID-19 y después nos sentamos un rato a charlar sobre el funcionamiento del cole y las normas a tener en cuenta durante el periodo de prácticas: horarios, logística, protocolo COVID, proyecto educativo... Después me acompañó hasta el aula donde estaba la tutora que me habían asignado para las prácticas, en 2º de primaria. Ay, qué mariposillas en la tripa.

Era la hora del recreo, así que pudimos presentarnos y charlar un momento a solas antes de que volviera el alumnado:

-Esta primera semana la dedicas más a observar y a partir de la semana que viene ya empezamos a pensar qué puedes hacer.

Llegaron los peques del recreo:

-Esta es Vicky. Es una profe que viene a aprender y va a estar en clase hasta el final del trimestre. ¿Queréis conocerla? ¡Preguntadle cosas!

Solo faltó que me preguntaran de qué color llevaba las bragas. En serio. "¿Cuál es tu color favorito?" "¿Cuántos años tienes?" "¿Cuál es tu juego favorito?" "¿Cuál es tu comida favorita?" "¿Cuál es tu número favorito?" "¿Cuál es tu letra favorita?".

Ese día tuvimos mates con los dos grupos a los que mi tutora da clase. La tarea era hacer una pokébol con un número de dos cifras en el centro y de ella tenían que salir al menos 8 carteles con diferentes formas de descomponer el número. El número que estaban trabajando era el 32 y de las pokébols empezaban a colgar cartelitos con "30 + 2" o "12 + 10"...

-Vicky, ¿me ayudas? No lo entiendo.

-Claro que sí, cielo, cuéntame.

Y ahí se acabó lo de observar. A partir de ese momento me fui pasando por las mesas a animar a quienes que les daba pereza, a revisar las pokébols terminadas, a explicar cómo hacerlo a quienes les costaba más. Y a resolver cuestiones sobre sacapuntas desaparecidos, lápices sin punta, turnos para ir al WC o el caso de P., el compi que se mete debajo de la mesa de la profe cuando le agobia hacer la tarea. Al acabar la clase recibí un abrazo "apretao" de L., tan bonito que casi me pongo a llorar allí mismo.

El día pasó volando y a última hora, que no teníamos clase (complementaria, se llama esa hora), nos quedamos charlando mi tutora y yo sobre las impresiones de ese primer día.

-Ya sé que habíamos dicho que esta semana solo observar, pero me has sido de muchísima ayuda en clase. Muchas gracias, de verdad.

No sabía casi ni qué decir.

El resto de la semana transcurrió sin grandes sobresaltos. Llovió casi toda la semana y fue algo pesado para las criaturas, que pasaron mucho rato en el interior sin poder corretear libremente. Se iba notando cómo aumentaba el nivel de ruido conforme iban pasando los días. Yo llegaba a casa agotadísima, pero muy feliz.

El viernes tocaba lectura y me ofrecí para leer el par de capítulos que tocaban de Charlie y la fábrica de chocolate. Puse voces, gesticulé, hice la payasa todo lo que puede y más. Nos lo pasamos tan bien que, cuando acabé el segundo de los capítulos, mi pequeña audiencia se puso a gritar: "¡Noooooo, no pares! ¡Otro más, otro más!" Conseguimos que leyeran un rato de forma individual pasando por las mesas y preguntándoles por el libro que estaban leyendo y pidiéndoles que nos leyeran un poquito. Me encantó comprobar que muchos de los niños y niñas disfrutaban de verdad leyendo. Incluso encontré a una pequeña potterhead que estaba acabando el segundo libro de Harry Potter.

A última hora volvimos a tener complementaria. Mi tutora me dijo que en un principio tenía previsto haber hecho un repaso del alumnado conmigo, contándome un poco sus particularidades y, en especial, aquellos/as que tenían necesidades educativas especiales, o al menos necesidades específicas de apoyo educativo. Pero que no lo iba a hacer. Que pensaba que sería más interesante que los fuera conociendo tal cual, sin etiquetas, sin prejuicios, y que pasado un tiempo le contara cuál era mi percepción. Me pareció una idea maravillosa.

Y llegó el fin de semana. Lavadoras, cocina, trabajos de la universidad... se pasó volando. El lunes a las 8:45 ya estaba de vuelta con muchas ganas de empezar de nuevo. Y menos mal que fui con ganas, porque la segunda semana se presentó bastante movidita.

Pero eso os lo contaré en la siguiente entrada :)



viernes, 13 de noviembre de 2020

Con permiso, buenas tardes...



Después de tanto tiempo sin decir ni mu por este rinconcito, he decidido recuperarlo para intentar obligarme a llevar un pequeño registro de mi día a día durante el periodo de prácticas.

Sí, sí, has leído bien: PRÁCTICAS. Estoy en un cole. Con niñas y niños de carne y hueso. Yo.
Y estoy disfrutando como nunca.

Rebobino un poco para rellenar brevemente el hueco tan enorme entre mis entradas anteriores y hoy: continué cursando asignaturas de la carrera con dos cambios de trabajo de por medio, mis criaturillas, una pandemia... Me embarqué en algún otro proyecto que abracé con gran entusiasmo y al que tampoco di continuidad, me peleé con innumerables educarcas en las redes... en fin, yo soy así.

Me quedan ya poquitas asignaturas para terminar, junto con las prácticas y el TFG. Este curso decidí tirarme a la piscina y hacer todas las prácticas seguidas, ya que se me presentaba una ventana de oportunidad tanto en lo laboral como en lo familiar que no podía desaprovechar. Para el siguiente (y, espero, último curso) me dejo asignaturas sueltas y el TFG.

El balance en general de la carrera, uf, no sabría decir. Superficial, creo sería la palabra. Ha habido ámbitos en los que he aprendido mucho más leyendo y debatiendo en redes sociales que en la universidad. Muchas asignaturas han sido un "quiero y no puedo"; otras directamente una pérdida de tiempo; y algunas, pocas, las he disfrutado mucho. No voy a ponerme ahora a desgranar asignatura por asignatura porque aburriría hasta a las piedras. Solo diré que hay muchísimo que mejorar en la formación inicial de los futuros docentes. 

A lo que iba: las prácticas. Pregunté al colegio de mis criaturas si me podían sacar una plaza para hacer las prácticas con ellos y fueron la mar de majos y lo hicieron. Y heme aquí, desde el 3 de noviembre en una clase de 2º de primaria. Bueno, realmente en dos clases, ya que mi tutora de prácticas da clase de varias asignaturas a otro segundo más, así que llevo los últimos diez días haciendo un esfuerzo enorme por memorizar los nombres de cuarenta y pico criaturas de 6 y 7 años. Debo decir que ya casi los tengo controlados, solo me despisto en el recreo cuando se quitan la mascarilla para almorzar.

Mi valoración inicial de estos escasos diez días no puede ser más positiva: mi tutora es un amor de maestra, que se preocupa de corazón por su alumnado. El alumnado, niños y niñas de 6-7 años, adorables y tremendamente trastos. En el aula hay alumnado con diversidad funcional de todo tipo y es admirable cómo trabaja de forma coordinada todo el equipo docente, tanto tutores como especialistas y apoyos.

El primer día me dijeron que las dos primeras semanas serían más para observar y ya luego empezaría a "hacer cosas". Pero ni observar ni leches. Si, mientras la maestra está explicando la parte teórica del proyecto sobre lo peces, hay dos elementos subversivos liándola parda al fondo de la clase, pues allá que voy yo a intentar poner paz. O si, la maestra me dice tímidamente: "¿quieres leerles tú el capítulo de 'Charlie y la fábrica de chocolate'"?, pues cojo el libro y les leo poniendo voces a los personajes y haciendo todas las payasadas que se me ocurren.

Como he dicho antes, estoy disfrutando como nunca. Vuelvo a casa exhausta pero con los bolsillos llenos de barquitos de papel, dibujos o cualquier otra cosa que a los peques se les ocurre regalarme.

Bueno, creo que aquí paro. Hoy me conformo con haber retomado las buena costumbre de escribir. Poco a poco os iré contando sobre la guardia que hicimos en un 3º, donde me marqué una sesión entera en inglés; o sobre el día en que pasé la hora de lengua trabajando con L., un peque autista, o sobre mi curso acelerado de papiroflexia para entretener a la chiquillería durante la acogida.
Stay tuned!