La semana comenzó bastante mejor de lo que acabó la anterior; vino el buen tiempo y, con él, el buen humor. El lunes mi tutora decidió probar un cambio en los rincones de mates: en lugar de limitarlos por tiempo y hacer rotar al alumnado, les propuso que los usaran de forma libre, todo el tiempo que quisieran y que se cambiaran de uno a otro a voluntad. Las únicas reglas eran que debían preguntar primero a quienes estuvieran jugando si podían participar y respetar en todo momento los turnos que se hubieran establecido.
¿Qué creéis que pasó? ¿Caos? ¿Pandemonium? ¿Peleas y conflictos a cascoporro? Pues no: apenas hubo conflictos, fueron tremendamente respetuosos/as todo el rato y disfrutaron muchísimo. Mi tutora y yo pudimos centrarnos en apoyar al alumnado con más dificultad para entender los juegos o para relacionarse y la sesión fue como la seda. ¿A qué jugamos? Al parchís, el jenga, construcciones con regletas, tres en raya y la rayuela. Si necesitaban moverse, se iban a dar saltos a la rayuela. Los que necesitaban tranquilidad y concentración, a las regletas. En los juegos de mesa se vivieron partidas apasionantes.
Por la tarde me hice cargo de la sesión doble de proyectos. Les había preparado un Kahoot de repaso sobre peces. Lo hicimos por equipos. Cada equipo tenía un juego de tarjetas de respuesta como estas, que se corresponden con los símbolos de las opciones en Kahoot:
De nuevo me sorprendieron porque, quitando el nivel ruido y las interrupciones para restablecer la calma, funcionaron maravillosamente y disfrutaron mucho de la actividad. Aplaudieron a rabiar cuando salió el nombre de la clase en lo más alto del podio al terminar el cuestionario :) La sesión terminó con un taller en el que debían diseñar y confeccionar su propio pez.
El martes hice caso a una buena amiga y me llevé un cartucho en la recámara. Bueno, dos en realidad: mi flauta y mi ukelele. En la hora de mates, que consistía en trabajo individual, saqué la flauta y me puse a tocar en el porchecito, con la puerta abierta (un poquito de frío, pero la seguridad ante todo). Les pedimos que procurasen mantener un nivel de ruido tal que pudiera oírse la melodía de la flauta en todo momento. Y bueno, funcionó; al menos durante un buen rato :)
Con el otro grupo, que teníamos plástica, aprovechamos que hacía muy buen día y los sacamos al césped, al sol. Yo me puse a tocar piezas de diferentes estilos con la flauta y les pedimos que fueran dibujando o escribiendo lo que les inspirarse la música. Éxito total.
Charlie no falló en ninguno de los grupos. He descubierto que tengo un verdadero talento como cuentacuentos y me estoy aprovechando de ese superpoder:
-Y aquí termina el capítulo, la semana que viene continuaremos.
- Noooooooooo, un poco más...
El jueves fue la auténtica prueba de fuego con nuestro grupo: el huerto. Si ya de normal he podido ir comprobando que dos maestras juntas en un aula pueden hacer maravillas, en el huerto no hubiera sido posible trabajar sin estar mi tutora y yo apoyando a la responsable. Nos distribuimos estratégicamente, poniendo cerquita de cada una de nosotras a las criaturas más movidas. Y ni tan mal. Hubo que parar alguna vez para retomar el control si se dispersaban demasiado, pero en general no tuvimos incidencias.
A la vuelta me fui reafirmando en una hipótesis que tengo sobre el comportamiento de las criaturas (desarrollada en mi experiencia como madre): que niños y niñas la suelen liar parda si se aburren :) Nos paramos y formamos un círculo en el patio, junto a los baños. Mi tutora los iba mandando por grupos a lavarse las manos. Los que esperaban, poco a poco se iban impacientando y comenzaban a chincharse unos a otros y a pelearse. Así que decidí ponerme a cantar una canción típica de campamento, de esas en las que uno canta y el resto repiten los versos. Y acerté. Como no se la sabían, prestaban mucha atención; y luego, al ir aprendiéndosela, estaban entusiasmados con ser ellos y ellas quienes dirigieran el juego. Criaturas entretenidas, cero conflictos.
El viernes no hay mucho que reseñar. Charlie con el otro grupo, éxito habitual. La última hora con nuestra clase la dedicamos a ver un trocito de "Buscando a Dory". Había poco ya que hacer en cuanto a contenidos y nos habíamos ganado el rato de entretenimiento con creces.
Y hasta aquí la semana 3. Para la 4 mi tutora me propuso preparar una sesión de mates y otra de lengua. La de mates fue un poco fiasco; y precisamente sobre los errores cometidos he podido reflexionar y aprender muchísimo, pero eso ya os lo contaré en la próxima entrada. De momento, la reflexión de esta semana, en titulares, es la siguiente:
- Cambiar el ritmo y sorprenderles.
- Sí más maestras es mejor.
- En caso de duda, música.

